martes, 16 de noviembre de 2010


Hay cambios que llevan tiempo, pero a veces es tiempo de cambiar. A veces hay que ponerse los pantalones largos, tomar la iniciativa y hacer el cambio. Saber a qué cambios o cuando es tiempo de cambiar es algo muy difícil, pero tal vez de eso se trate ser adulto. Hay una gran diferencia en darle tiempo a algo y dejar pasar el tiempo. Darle tiempo a algo es dejarlo madurar, es tener la valentía de saber esperar. Dejar pasar el tiempo es tener la cobardía de no hacer lo que queres hacer cuando lo queres hacer. Que el tiempo pase y el cuerpo te cambie es natural, no dejar pasar el tiempo y cambiar eso es madurar. Madurar es tal vez aceptar los cambios que vienen con el tiempo y saber cuándo es tiempo de cambiar. Por eso es tan difícil ser adulto, porque no es una cuestión de edad, podes tener 15 y ser muy maduro o tener 50 y ser infantil. Yo era una nena que se negaba a aceptar que había cambiado, hoy quiero ser una mujer que sabe cuándo es tiempo de cambiar. Tal vez hoy deje de ser una nena y aprenda a aceptar los cambios que trae el tiempo y aprenda a distinguir cuando es tiempo de cambiar.

Una de las cosas más difíciles de las relaciones es saber exactamente que quiere el otro de vos o con vos.
Cuando alguien te trata mal te preguntas por qué ¿Qué quiere de mí? O cuando alguien te trata muy bien ya desconfías ¿Qué quiere en realidad?
Cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía ¿De que desconfía el santo? De las intenciones del que da las limosnas.
Nunca se puede estar seguro de que es lo que quiere el otro y esa incertidumbre genera una especie de angustia.
Y como esa duda nos genera angustia empezamos nosotros a dar respuestas y tratar de adivinar que quiere el otro en realidad.
Asumimos y presumimos, damos una respuesta rápida y avanzamos, tal vez nos equivocamos pero ya no tenemos la angustia de no saber que quieren de nosotros.
Angustia mucho no saber que quiere el otro de vos, te inquieta, te perturba. Por eso nos volvemos desconfiados, nos ponemos a la defensiva, asumimos siempre que las intenciones del otro no son buenas.
Nunca podemos saber que quiere el otro o por qué nos quiere, eso es un eterno misterio ¿Por qué siempre caemos en la trampa de dar respuestas apresuradas?
El bello siente que lo quieren solo por su belleza, el rico por su riqueza, el poderoso por su poder ¿Por qué pensamos tan mal del otro?
El otro, sus intenciones siempre son una amenaza para nosotros ¿Por qué?
Pero si dejáramos de adivinar y le diéramos la chance al otro de demostrarnos que siente, que quiere y por qué nos quiere tal vez nos sorprenderíamos.
Si soportáramos esa angustia de no saber que quieren de nosotros tal vez algo nuevo podría llegar a nuestra vida.
Si pudiéramos dejarnos atravesar por el deseo del otro, dejar que quieran algo, que nos quieran, dejar que pretendan cosas de nosotros porque eso es existir.
El deseo del otro nos atemoriza, sentimos que quiere arrebatarnos algo muy preciado. ¿Pero no es eso en definitiva lo que anhelamos? Que nos quieran por lo que somos, por lo que tenemos, por eso que nos hace únicos.
¿Qué quiere el otro de mí? No sé, me quiere por las razones que sea, me quiere. ¿Tanto cuesta hacerse cargo de eso?
Tocar tu corazón. Tal vez eso es lo que quiere el otro cuando quiere algo de vos.

A veces me enojo, pero me enojo mucho..
Hay cosas que me sacan, pero que me re-sacan. pensamos que gritando nos escuchamos mejor, eso me saca. Me enoja mucho enojarme. Y tanto que me enojo me pongo triste.
Deberíamos aprender de los animales, pero no tienemos cura.
Nadie escucha. Nadie mira. A nadie le importa lo que siente el otro. Atacar es más fácil que escuchar. Gritar es más fácil que abrir los ojos.
las palabras son balas cuando se gritan, y es así, lastiman, hieren.
¿Es tan fácil odiar y tan difícil amar?
La bronca saca lo peor de vos. Curar es cuidar al otro.
Un enfermo necesita cura. Una herida del alma necesita cura.
En vez de destruir hay que construir. Destruir enferma y construir cura. Para mi curar es dar la mano. Curar es amar. La cura es un puente, un puente que une. La cura necesita un tiempo, necesita amor. La cura necesita un esfuerzo. La cura necesita paciencia. La cura necesita de todos.
Curar es cuidar. Dejarse cuidar es dejarse curar.
¿Cómo se cura un alma? ¿Cómo se cura el odio? ¿Cómo se cura la maldad? ¿Cómo se cura la violencia? ¿Cómo se cura el miedo? ¿Cómo se cura el rencor?
Es triste y da bronca, pero hay cosas que no tienen cura.


Un sueño que te anestesia no puede ser bueno. Soñar a veces es una manera de no vivir.
A veces soñamos que tenemos eso que en la realidad no podemos tener ¿Quién quiere despertar de ese sueño?
Un sueño hecho realidad es una contradicción, un sueño es sueño, y la realidad es real.
Es más fácil creer a alguien que te dice que va a estar todo bien aunque sea una mentira que a alguien que te dice la verdad aunque no sea tan soñada.
Una realidad que duele se cura con más realidad, nunca con negación.
Los sueños se rompen como un cristal ante la realidad.
Los dulces sueños tienen un único objetivo, tapar lo amarga que puede ser nuestra realidad.
Los dulces sueños están hechos de ilusión, de todo lo que no es real. Y la ilusión está hecha de dulce olvido, olvido de la amarga realidad.